Artículo / Ventanas

Autor / Pepe Garrido

En estos tiempos apestados, y en previsión del futuro, ya han aparecido voces reclamando para las viviendas próximas la inclusión de terrazas en sus programas, para proporcionar espacios abiertos a los que salir a airearse en caso de que se llegue a producir otra reclusión más en la historia.

 

Personalmente discrepo de que este vaticinio sea certero, pues basta mirar las fachadas de todos, me atrevo con el máximo, los edificios de nuestras ciudades, para comprobar que la mayoría de las terrazas con que se entregaron a los compradores han sido ineludiblemente acristaladas, no se sabe muy bien con qué objeto razonable.

 

Cierto es que esas terrazas proyectadas, con un fondo no mayor de la dimensión del vuelo máximo permitido son terrazas poco útiles, de hecho son herederas de los balcones, de fondo aún más rácano, que si no se acristalaban terminaban por convertirse en una suerte de trastero, en el que se almacena todo lo menos presentable del ajuar doméstico.

 

Tampoco apruebo la existencia del balcón volado, por lo que de picaresco tiene su inicio. La intromisión del espacio privado más allá de la alineación de la casa es una invasión del dominio público, ya aceptada, pero de origen rechazable. Darse una vuelta por el otro lado de los Pirineos nos revela que las casas carecen de balcones y que la composición de las fachadas se procura con el juego de huecos en el ámbito de un muro plano.

 

La forma de construir el balcón primigenio, también denota su carácter de añadido, pues consiste en el anclaje de un elemento de forja, en un muro pesante, y no en la prolongación de la estructura del suelo, como se construyen hoy en día.

 

Dándome apoyo en lo escrito, el profesor Ignacio Paricio en su Vocabulario de arquitectura y construcción, sitúa los conceptos de “balconera” y “balcón” como variantes de la “ventana”, de hecho los define como ventanas que llegan hasta el suelo, en el primer caso, y con protección de una barandilla saliente, en el segundo.

 

Por lo tanto, la necesidad de contar con terrazas a las que salir, creo que no es tal, pues su utilidad no va más allá de un instante al atardecer para un aplauso corto, temporal y agradecido.

 

Sí estoy conforme con el hecho de que son las ventanas las auténticas protagonistas de estos momentos, y me atrevo a decir que desde siempre, pues el hecho mágico de proporcionar luz y ventilación, al volumen protector que delimitan los muros y la cubierta es un auténtico logro del hombre, que lo hizo salir de las cuevas, a las que la luz no llegaba. La ventana es el elemento arquitectónico más importante de la disciplina, sin duda alguna.

 

Los cambios en el proyecto de la ventana podrían describir la evolución de la historia de la arquitectura. Cambios debidos a las formas, proporciones y materiales utilizados. Sin embargo, el cambio más importante, sin duda, deriva de la pérdida de todos los complementos que la acompañaban para protegerla de las agresiones exteriores, la ventana se ha ido desnudando de sus acompañantes, hasta llegar al mínimo, al escueto acristalamiento. En un determinado momento la ventana y el muro han llegado a ser lo mismo.

El mejor arquitecto del universo, Wright, que escribió dos autobiografías con diferentes versiones de su vida, en su etapa de las “casas de la pradera” llega a su culmen con el encargo de la Robie House, casa que debía ser luminosa y transmitir ligereza, como consecuencia de la juventud del promotor (28 años) y sus ideas del progreso.

 

Para resolver el programa y dar satisfacción a su cliente, planteó una solución que, para las ventanas, bastante tradicionales y de proporciones verticales, previó la seriación rítmica de un solo modelo, repetido con una muy leve componente material para el muro en relación con la superficie acristalada. Siguió utilizando una ventana heredada de la tradición, pero manejada de modo innovador, en la que apenas existe el muro en el que se sujeta.

El arquitecto programático del Movimiento Moderno, Le Corbusier, tuvo oportunidad de construir una casa manifiesto, la Ville Savoye, en la que condensó los cinco postulados que debía reunir cualquier arquitectura para considerarla moderna.

 

Uno de estos postulados son las fenêtres en longeur, que utiliza como hueco en el cierre perimetral de la planta cuadrada. Es una solución, que adopta unas medidas de peto y cabezal acorde con su patrón de medida, el modulor, y que le sirven para casi todas las piezas del programa. Todas las que se asoman a sus cuatro fachadas planas.

 

A sus antepechos, se arrima el mobiliario de la cocina, los sanitarios de los baños, las camas, o una repisa que dará apoyo a la actividad característica de cada estancia. En la planta vividera, la primera, su tirada horizontal, sin carpintería, también dará cierre al patio que ilumina las piezas de día.

 

Es curioso apreciar que la casa se encuentra rodeada de un bosque, en un claro del que ocupa su centro, como si estuviese destinada a ser un lugar de culto, con posibilidad de rodearla y verla desde cada ángulo, al modo que se hace con la tumba de Mahoma en la Mezquita de la Meca. La arquitectura tiene algo de sacerdocio.

Aalto, que conoció las ideas corbuserianas y las adoptó en sus inicios, a partir del encargo de la Villa Mairea dio un giro a su estilo, introduciendo nuevos elementos que enlazaban con la arquitectura vernácula finlandesa. En esta casa se produjo la transición y sin abandonar completamente las ventanas horizontales, el catálogo de huecos se amplia.

 

La casa, como la Ville Savoye, se emplaza en un claro del bosque y coronando una pequeña colina, disfruta del contacto con la naturaleza circundante. Las ventanas tienen un papel protagonista.

 

En la planta primera, la de dormitorios, utiliza para éstos unas ventanas repetidas que son una suerte de pequeños miradores de madera, que se giran hacia la marquesina biomorfica de entrada a la casa, como para dar la bienvenida a los visitantes. Por lo demás la compartimentación de la superficie acristalada se hace con patrones nórdicos, considerando su clima extremo.

 

En la Farsworth House la ventana llega a su expresión más inmaterial y extrema. El muro desaparece o, si se prefiere, el muro y la ventana son lo mismo.

 

Solución acorde con la de cabaña situada en un claro del bosque, la finca es inmensa, y podría añadirse y explicarse, que el auténtico muro envolvente se traslada a la tapia vegetal de la finca, a su perímetro. La transparencia exhibicionista de la casa queda protegida de las vistas externas por la propia naturaleza que la rodea. Es una vivienda buena para mirar desde el interior. Las condiciones de confort, son otra cosa, pero no alarmarse, es (era) una segunda residencia.

 

Esta solución experimental, podría afirmarse que la Farsworth lo es, posteriormente Mies la traslada a sus propuestas residenciales en altura, rascacielos acristalados, todo ventana, con vistas al lago Michigan, la tercera costa Norteamericana.

Robie House / Frank Lloyd Wright. 1908

Ville Savoye / Le Corbusier. 1929

Villa Mairea / Alvar Aalto. 1938

Farnsworth House / Ludwig Mies van der Rohe. 1945

El confinamiento con vistas es más soportable. Pero ya terminando y repensando en la ventana practicable tradicional me pregunto ¿cómo afectarán a la salud del habitante las nuevas propuestas herméticas, de patente alemana, con renovación mecánica del aire, recuperadores de calor y tan promocionadas con el argumento del ahorro energético?

 

¿No es la ventilación natural una recomendación sanitaria?

 

Pepe Garrido.

Logroño, Abril de 2020.

Fundación Cultural Arquitectos de La Rioja

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