Artículo / Detalles de Arquitectura

Autor / Ramón Ruiz Marrodán

Ese enjuto señor que vemos de pie es Peter Zumthor, arquitecto suizo mundialmente conocido, premio Pritzker 2009, uno de los más respetados arquitectos del mundo y quizás en el que yo más me miro, sobre todo en su concepción proyectual.

ENTREGA I.

Intentaré en tres entregas explicaros la metodología para el desarrollo de un proyecto, utilizando un proyecto de una humilde capilla que le fue encargada a este arquitecto.

Se trataba de crear un pequeño habitáculo para el recogimiento y oración en el que pudiesen uno o dos peregrinos, tres como máximo, dedicar unos minutos a la oración.

El primer paso para el buen arquitecto es el contacto con el sitio y el paisaje donde se va a ubicar la obra que nos ocupa; en este caso la capilla.

Por cierto, se me olvidaba deciros que fue encargada por los campesinos de Mechernic Eifel, una pequeña localidad a 55 kms. al suroeste de Colonia, Alemania.

Eso es lo que se le ve haciendo a Zumthor, vivir la experiencia del lugar y las vibraciones que le trasmite. De ahí el siguiente paso será coger el lápiz e intentar plasmarlas en dibujos.

ENTREGA II.

Bruder Klaus-Chapel por Peter Zumthor. El promotor de esta obra fue concretamente Hermann-Josef Scheidtweiler, un granjero que estaba estudiando la opción de construir una capilla en sus tierras para agradecerle a su mujer la feliz vida que le había dado. Quería dedicársela a San Nicolás de Flüe, también conocido como Hermano Nicolás (Bruder Klaus), quien es el patrón de Suiza.

El presupuesto era muy exiguo, pero San Nicolás de Flüe era uno de los Santos favoritos de la anciana madre de Peter Zumthor. Esta feliz coincidencia probablemente influyó en la decisión por parte del arquitecto de aceptar este inusual encargo.

Con el fin de reducir al mínimo el coste de la obra el proyecto debía ser sencillo de ejecutar, de modo que lo pudiesen realizar entre los vecinos del lugar.

Concibió la capilla en planta con forma de lágrima.

Estudió diferentes texturas exteriores e interiores. La solución adoptada consistió en el apilado vertical de 155 troncos de árboles de un bosque vecino que actuasen de encofrado perdido atados entre sí, y con una armadura perimetral básica. Con unos planos en planta y sección de forma muy concreta, comenzaron la construcción. Primero apilaron los troncos y posteriormente vertían el hormigón en capas de cincuenta centímetros de altura hasta completar veinticuatro capas, cubriendo casi los troncos más altos.

ENTREGA III

 

Previo al hormigonado, se taladraron los troncos horizontalmente con cilindros de acero de pequeño diámetro, que permiten el paso de la luz exterior hacia el interior de la capilla.

La parte superior de este cono, configurado por los troncos, se dejó sin hormigonar, permitiendo el paso de la luz y la lluvia al interior de la capilla... es el proyecto de Zumthor, quien a pie de obra vigila todos los detalles.

 

Posteriormente se procedió al embadurnamiento desde el interior, de todos los troncos, con resinas naturales y se les prendió fuego.

El hueco sin cubrir en la parte superior actuó a modo de chimenea, y así estuvo ardiendo durante tres días hasta que todos los troncos se redujeron a cenizas.

A partir de ahí ya hablan las imágenes; ese espacio espartano con la única imagen de San Nicolás de Flüe (Bruder Klaus) sobre un sobrio pedestal, unas velas consumiéndose, un mínimo banco, el sonido del viento, los escasos rayos de luz y el recuerdo en negativo de los troncos que dieron forma a la capilla, y que ya no están. Arquitectura con mayúsculas.

Ramón Ruiz Marrodán. Arquitecto. 29.3.2020

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